"Valoración de Izquierda Unida de la Presidencia Española de la Unión Europea", artículo de Willy Meyer

El Presidente Zapatero se convertía en el mes de enero en Presidente de turno de la Unión Europea y por primera vez, tras la aprobación del Tratado de Lisboa, ejercía esa presidencia junto al presidente permanente de la Unión, el belga Van Rompuy.

 

Enero era la meta de la Estrategia de Lisboa, que basaba su orientación económica en la desregulación del mercado, privatizaciones del sector público, estabilidad presupuestaria, la flexibilización del mercado laboral y la moderación salarial. Conviene recordar que socialdemócratas, liberales y conservadores consensuaron esa estrategia que recogía el espíritu y la letra del Consenso de Washington, consenso que fue trasladado a Bruselas. La Estrategia de Lisboa fracasó estrepitosamente: la UE retrocedía hasta valores económicos y de empleo de los años 30. El azote del paro y la recesión dibujaban una realidad desconocida que hacía peligrar el modelo social.

 

A pesar de ello, Zapatero rehusó reconocer la necesidad de reorientar la política económica de la Unión para resolver el nudo central del problema: la decisión de no intervenir democráticamente los mercados, la economía y el sector financiero. Muy al contrario, optó por mantener la posición del no-gobierno y si el de la "gobernanza", nueva calificación engañosa para describir la necesidad de coordinar, que no gobernar, la administración y el mercado desregulado.

 

La Presidencia española ha estado marcada por el estallido de la crisis griega. La deuda griega no era sino el resultado del desgobierno provocado por la falta de intervención pública en la economía. Sin embargo, en lugar de cambiar la política económica para reorientar la situación y atacar las propias causas de la crisis, la UE decide imponer unos ajustes que logran salvar la situación, puesto que evitan la quiebra del Estado griego, pero en realidad retrasan y agravan los efectos de la crisis que se producirá en un futuro a costa de los recortes sociales.

 

Queda claro que, independientemente de quien ostente la presidencia de turno, si no cambia la orientación económica de fondo, la UE está llamada a desmantelar el modelo social europeo. De ahí, la celebración de huelgas generales en Grecia, en Portugal, en Francia y, en septiembre, en España. Ésta es la respuesta de los trabajadores y trabajadoras a la orientación que la socialdemocracia y la derecha han dado a la política económica europea.

 

En el actual contexto de crisis, la respuesta del movimiento obrero europeo, al que tanta lucha y esfuerzo le costó lograr el modelo social, es la celebración de huelgas generales por toda Europa.

 

En el ámbito de la Política Exterior y de Seguridad Común, la Presidencia española ha avanzado en la creación del Servicio Europeo de Acción Exterior, que supone la institucionalización de la militarización en la UE.

 

En cuanto a las relaciones de la UE con terceros países, el balance de la Presidencia española también es negativo: suspensión de la Cumbre de la Unión por el Mediterráneo, continuación de la ocupación por parte de tropas turcas de la parte norte de Chipre, concesión del Estatuto Avanzado a Marruecos mientras continúa su ocupación del Sahara Occidental y mantenimiento de las relaciones preferentes con Israel a pesar del brutal ataque a la Flotilla humanitaria.

 

En lo que respecta a América Latina, la Presidencia española ha reconocido implícitamente el gobierno ilegítimo de Porfirio Lobo, ha firmado un Acuerdo de Asociación con América Central para exportar el modelo de desregulación y privatización europeo y no ha logrado uno de los objetivos que se había marcado: modificar el trato de excepción que supone la Posición Común de la UE respecto a Cuba, que implica un claro sometimiento de la política exterior europea a los intereses estadounidenses.

 

Por ello, podemos concluir que, por desgracia, la Presidencia española no ha aportado ninguna innovación, ningún cambio en la orientación política y económica de la UE, que empieza a ser percibida como un gran complejo administrativo distanciado de las personas, con políticas regresivas que ponen en peligro las conquistas sociales.

 

Izquierda Unida seguirá comprometida con el proyecto de la Europa de las personas, del trabajo, del bienestar y la paz e impulsará con el resto de los partidos que conforman el Partido de la Izquierda Europea una salida de la crisis a favor del modelo social, de las conquistas de los y las trabajadoras, de la paz que reoriente el proyecto europeo en función del interés de la mayoría desde el gobierno democrático de la economía.